jueves, 31 de enero de 2013

El Gato goleador


 “Gato” es la expresión que utilizan los brasileños para  denominar al jugador que altera su edad real para inscribirse en una categoría menor, por aquello de “meter gato por liebre”. Una práctica bochornosa, criminal, que es tan grave como doparse en el deporte. Más aberrante cuando existe usurpación de identidad y cambio del lugar de nacimiento.
En tiempos de modernidad y la informática que puede revelar el histórico de cualquier persona y mucho más de un atleta que cuenta con una trayectoria desde sus primeras apariciones, es difícil creer que esto siga siendo una práctica de oscuros personajes, empresarios, dirigentes,  entrenadores, padres de familia incluso y del mismo atleta implicado cuando tiene uso de razón.
Pero sigue ocurriendo sin que las consecuencias vayan más allá de un extrañamiento del deporte, exposición pública al escarnio, cuando deberían ser execrados de por vida y pagar con cárcel lo que configura un delito grave a todas luces en cualquier parte del mundo.
Una denuncia de la Federación Ecuatoriana dejó en evidencia al jugador Max Barrios de la selección peruana en el Torneo Sub-20 de Argentina. Ni se llama Max ni tenía la edad reglamentaria y para remate parece que no nació en Perú. Los incas superaron  la fase definitoria valiéndose de esta irregularidad, aunque el jugador fue desincorporado sin que se tomaran acciones contra un combinado que debió ser  expulsado y suspendido por una próxima eliminatoria de la categoría. Nada podrá resarcir, por ejemplo, a Venezuela que estaba en el mismo grupo.
Los gatos van a seguir existiendo en el deporte. Siempre habrá alguna mente dispuesta a sacar ventaja de las faltas de fiscalización de los datos certeros de los atletas. En el fútbol se ha intentado erradicar este flagelo y existen antecedentes con selecciones nacionales y equipos que han recibido reprimendas de parte de los órganos rectores, pero no hay preso.
El béisbol y sus academias en el Caribe ha generado alarmas por la tracalería de hacer aparecer a supuestos adolescentes como prospectos para cobrar millonarios bonos de los equipos de las Grandes Ligas. República Dominicana y Venezuela están en la mira, y ya son varias las denuncias que han encontrado asidero.
En el fútbol mundial,  los países africanos siempre han dejado dudas respecto a la edad de sus jugadores y se han dado comprobaciones terribles. México cuenta con un triste episodio en el famoso caso de los “cachirules” juveniles en 1988, con  una suspensión de dos años que le impidió participar en el Mundial Italia 90.
El  fútbol venezolano ha tenido sus gatos. Sin querer armar alharaca y solamente para golpear en la conciencia de quienes de manera antiética a través de los tiempos han recurrido a la falsificación de los registros de los jugadores, tenemos un caso para nuestro insólito universo. Un famoso y consecuente goleador de los años 80,  jugó con un nombre falso y morirá con él. Han sido varios los descubrimientos cuando se ha requerido tramitar pasaportes para competencias internacionales, encontrándose que el nombre verdadero era otro. La vecindad con Colombia igualmente se ha prestado para algunos desafueros.
Compadezcámonos de los delincuentes, porque el fútbol es tan lindo que el perdón puede ser más terrible que la culpa.
luchadorsport@yahoo.com
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