martes, 30 de octubre de 2012

Un apóstol del fútbol zuliano


Cada vez que me encuentro con Alex García King, es un acontecimiento personal. Por encima del fútbol, de esa redondez que nos familiariza, existe un montón de maravillosas coincidencias. Se trata del hoy entrenador del Zulia FC, un equipo que por estos días aprovecha su legado de obrero insigne, de persona íntegra, cabal y solidaria.
He conocido poca gente en el fútbol como en la vida, cargada de la simpleza, el espíritu alegre y la disposición permanente a plantear sin máscaras las situaciones. Hace mucho rato estuvo en Guayana y se metió en lo más profundo del ser de esta región. Hizo unos días con Mineros como entrenador y dejó una estela de logros en nuestra cantera, insuperable hasta el presente.
A Maracaibo fue a parar, a ese reducto beisbolero, del que salía un futbolista cada diez años. A pesar de la vecindad con Colombia, nunca fue fácil visualizar un futuro a este deporte, impulsado en la década pasada por un político de ancestros italianos que se propuso cambiar el decorado. Alex, de alguna forma,  encontró en el impetuoso Di Martino un intérprete cabal de su ideal para forjar el sueño.
Así, ligado al trabajo que desplegaba en las comunidades la Alcaldía de Maracaibo como en los clubes privados que le abrieron sus puertas, fue cimentando,  junto con otros colegas con muchos merecimientos, lo que es el fútbol zuliano. De aquellas reminiscencias de Adelis Fusil, Alexander Hezzel, Ferrebús, “El Avión” Medina, Naboyan  y la auspiciosa aparición en la Vinotinto de Juan Fuenmayor, Grendy Perozo y Yohandry Orozco, pasamos a una robusta etapa en la que la entidad occidental es protagonista de primer orden.
Hoy es totalmente normal encontrar a Zulia en las finales de los campeonatos nacionales y a un equipo profesional tener hasta 7 jugadores maracuchos. Aunque algunos tengan apellidos que vienen del otro lado de la frontera, son nacidos, criados y amamantados por la Tierra del Sol Amada y en sus poblados vecinos. Allí está la mano de Alex  como de tantos entrenadores que se fueron a cultivar en territorio agreste, mas familiarizado con las hazañas de sus ilustres peloteros y con el único Salón de la Fama de las Grandes Ligas, Luis Aparicio.
A pesar de la locura que representó aquel ostentoso Unión Atlético Maracaibo que a realazo  se estructuró para obligar al país a mirar hacia el Zulia, desapareciendo luego como todo lo que no tiene fundamento y bases sólidas,  es bueno darle crédito a la siembra en la mentalidad de quienes corrían detrás de una pelota bajo la torrencial canícula de aquellos lados. Es que sin los reales que se desbarataron en aquella bonanza, ha seguido erguida con otro nombre y mucho orgullo,  una divisa que hace de tripas corazón y multiplica los panes de la mano de García King.
Cuando se fue Alex del Estado Bolívar perdimos un baluarte en esa tarea tan especial y dedicada de promover  los valores de la cantera. Un ejército de jugadores guayaneses invadió los espacios del fútbol nacional. De Mineros,  ni se diga, porque hizo subir una cantidad considerable desde las menores. El departamento de porteros, históricamente cubierto por fichas del patio, ya sabemos en lo  que ha devenido después de aquellos días de Nikolac, Cheo Gómez, Silano y Golindano.
Con Alex nos conocemos desde muchachos por esos azares del destino que te recuerdan los días en la cancha La Castellana de Pescaíto en Santa Marta y los gritos en el “Eduardo Santos” de “Vamos Venezuela” del viejo “Bolón” Acosta, mientras mi madre rehacía su vida de soltera en su país. Era un portero con buenas manos, respaldo de aquella camada en la que jugábamos  con Didí y Carlos “El Pibe” Valderrama, los chinitos Wong y el monstruo  “Chon” Rojas –el mayor fenómeno que vi y nunca llegó al profesional-, entre otros pelaos con una clase sideral. Su hermano mayor Radamel ya arrancaba cabezas como zaguero central.
Es imposible seguir contando historias en este espacio dedicado al gran Alex, que para más señas también es tío del mejor goleador del mundo, Falcao.
Twitter: @cdicksonp

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